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Borges marca con corazón

“Yo hago lo que usted no puede, usted hace lo que yo no puedo.  Juntos podemos hacer grandes cosas”. 

M.Teresa de Calcuta

A veces olvidamos lo que supone abrir un cajón que  contenga  alimentos, beber agua del grifo y poder comer cuando el hambre llega. Vivimos inmersos en nuestra vida acomodada de problemas que hacemos nosotros mismos más grande, olvidando mirar hacia un lado para ver lo realmente importante. Hoy quedarnos sin internet es un handicap  mientras hay personas que caminan kilómetros para ir a por comida o conseguir agua.

Cuando comenzamos con este proyecto Álvaro Cuadrado tenía claro que iríamos a Namibia pero no con las manos vacías porque nos estaban dejando entrar en un país lleno de naturaleza imponente, animales salvajes, culturas diferentes y por ello debíamos devolver lo que ellos nos regalaban.

Decidimos hablar con las marcas que nos patrocinaban para poder hacer ayuda humanitaria a la tribu de los himbas al norte de Namibia y por las diferentes regiones por las que íbamos a pasar. Nunca podremos agradecer lo suficiente, los 100 kilos de frutos secos que Borges aportó porque fueron tantas emociones provocadas de miradas de agradecimiento y a la vez de extrañeza al probar por primera vez estos alimentos. La tribu de los Himbas nos abrieron las puertas de su hogar pero en realidad nos estaban dando una lección de vida como los niños de las diferentes aldeas que con sus sonrisas nos traspasaron.

Si fuéramos conscientes de que ayudar si se puede, el mundo sería redondo.

Pero Borges no sólo nos aportó la ayuda humanitaria que estaba en sus posibilidades sino también alimentos para el desafío. Los frutos secos nos ayudaron en muchos momentos a todo el equipo y a mí me solventó el hambre, en ocasiones el agobio y las pájaras.  Nuestra filosofía es que la alimentación debe ser lo más sana posible, como siempre digo no es lo mismo comer que alimentarse. Para correr necesitaba ese aporte de grasas saludables porque además los ritmos de carrera eran bajos y mis reservas se iban agotando por día. Es curioso como antes comía un puñado de avellanas y no me recordaba a nada ahora cuando las saboreo siempre pienso en un niño o en una mujer himba, en una tarde en mitad de la nada apoyada en el coche descansando para afrontar más kilómetros. A día de hoy siento que me alimento de emociones de la manera más saludable cuidando mi cuerpo y mi mente.

Borges se ha convertido en una marca con corazón al apoyar un proyecto social donde correr era la excusa y ayudar al mundo nuestro objetivo.

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