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CARTA A MIGUEL DE LA QUADRA – SALCEDO POR UN RUTERO. MUERE EL ÚLTIMO HOMBRE

Perdí el miedo morir viviendo intensamente, sabía que era posible porque una vez conocí a un HOMBRE.

Había un tiempo donde HOMBRE o MUJER no era una cuestión de género, sino de actitud. Donde convertirse en un HOMBRE no tenía nada ver con la edad, ni con poder votar, conducir o beber; era una cuestión de responsabilidad, valores y fortalezas. No todo el mundo llegaba a aquel estado y, por desgracia, con el tiempo aquellos a los que se podría llamar HOMBRE o MUJER en mayúsculas, se hacían mayores y desaparecían sin remplazo. Ya no hay HOMBRES como los de antes, estaban en vías de extinción y tú, MIGUEL, eras el último.

Te escribo esta carta emocionado porque pierdo al último HOMBRE en el que inspirarme, al que emular, al que seguir. Soy de la última generación que sentía admiración por ti, antes de que te sustituyera Justin Bieber o Johnny Depp. Cuando soñábamos con vivir aventuras en lugar de entrar en Gran Hermano, pedíamos a los Reyes Magos libros de Julio Verne en lugar de videoconsolas, o sabíamos que en esta vida todo lo que merece la pena cuesta conseguirlo. A tu lado he pasado hambre, frío, cansancio, enfermedades, he estado de barro hasta las cejas y mojado durante días, y lo hacía con un sonrisa escuchando tus historias y consejos:

“El verdadero destino de un viaje, es el rastro que deja en ti”

Contigo viví más en 45 días que con nadie sobre la faz de La Tierra durante años. Tenía 15 años cuando crucé por primera vez el Océano Atlántico hasta llegar a Quito; alcancé mitad del mundo de tu mano en la región de Otavalo; ascendí al volcán Cotopaxi entre llamas y alpacas; me adentré en el Amazonas en las selvas del Podocarpus durante días; recorrí ciudades como Piura, Cajarmaca o Chiclayo siguiendo los pasos de Francisco Pizarro y descubriendo las maravillas precolombinas hasta alcanzar, en las costas de Salango, a las ballenas yubartas saltar sobre las aguas del Pacífico, y descubrir buceando en un barco de pesca el Spondylus Princeps, el oro rojo de los Incas.

GRACIAS, porque después de aquello, nunca dejé de viajar. He dado varias vueltas al mundo, más de 60 países en los 5 continentes, y tengo claro que todo comenzó contigo y con la aventura que marcó mi vida. Sin ti en mi memoria, seguramente nunca hubiera desafiado a los imposibles con La Princesa del Desierto y decenas de proyectos que, llenos de ti he liderado durante años. Gracias por palabras que llevo tatuadas en el alma:

“El miedo nunca me paralizó, me podía más la ilusión por romper fronteras y llegar a donde nadie había llegado antes”

Hoy lloran tu muerte muchos ruteros que se quedan huérfanos con tu marcha. Esta carta, en parte va para ellos, que desde el principio se convirtieron en mi familia y con los que viví hace un año, el honor de ser el maestro de ceremonias del Homenaje por los 30 años de Ruta Quetzal, y mirándote a los ojos, te dije:

“Un día no estarás entre nosotros, pero descuida que nosotros somos tu legado”

Hoy es ese día, y hoy me siento más orgulloso que nunca de haber seguido tus pasos, ojalá sea digno de tan larga estela de aventuras y pasiones. Allí donde esté, contaré cómo conocí al ÚLIMO HOMBRE.

 

ÁLVARO CUADRADO JIMÉNEZ RUTA QUETZAL 2001, PERÚ Y ECUADOR

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