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¿En qué piensas cuando corres?

¿En qué piensas cuando corres tantas horas? Pregunta que me repiten hasta la saciedad cuando explico mi pasión. Nunca me había sentado a expresar lo que pienso quizás porque de una manera egoísta lo guardaba para mí, ahora estoy en un momento de vida que comprendo mejor el sentido de compartir y quise expresarlos con palabras, aunque si me lo permitís hay cosas que son inexplicables, se sienten o no y es que depende tanto de la persona…

Nunca he sido una corredora de hacer marcas, o de hacer muchos pódiums pero si he sido una runners de momentos tatuados a fuegos, esos que saltan a la mente en muchas ocasiones y mientras los cuentas tu cuerpo está presente pero tu mente ha viajado lejos. Por eso cuando corro pienso en…
Siempre digo que pienso en mi vida, en mi familia, en mis amigos, en momentos de mi infancia, y aunque resulte raro puedo llegar a recordar olores que me han hecho sentir hasta la saciedad en algún instante.
Pienso que quisiera cambiar la vida y llevar hasta esos paisajes a las personas que más amo, a los que sufren o a esas personas que están pérdidas en la oscuridad y no encuentran su luz. Adentrarlos en mi corazón que late fuerte, y se siente salvaje.
Pienso cuando me siento triste en alguien a quien extraño o no está en mi vida quizás porque es esa manera de devolverlo a mi mente y saborearlo una vez antes de dejarlo marchar en cualquier sendero que transite.
Pienso que me duele el alma, que las abdominales me las están arrancando y que las rodillas se pueden romper en cualquier momento pero aún así puedo seguir corriendo porque soy parte de la brisa que acaricia en mi cara y seca mi sudor.
Pienso que ojalá nunca olvide cada foto que hago con la retina de mis ojos y se quede grabado para siempre porque los necesitaré en algunos momentos donde me sentiré flaquear.
Pienso que la tierra es maravillosa por esos colores cambiantes que nos regala, por esas gotas que forman arco iris capaz de devolverte la sonrisa, o esa brizna pequeña que moja las pestañas haciéndote sentir el frescor y aliviando aquello que pellizca tu alma.
Pienso que no puedo ser más feliz, parándome debajo de un árbol y tocando su tronco, respirando su savia y bebiendo el último trago de agua con sabor a limón.
Pienso que si mis piernas algún día no pudieran soportar mi cuerpo, me llevaría mi corazón y toda esa fuerza que emana de mí ante la montaña, porque buscaría la manera de llegar a la cima y ver la vida desde arriba, tocando el cielo con las manos y sintiendo la tierra a través de mis pies desnudos.

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