Mi abuela

«Mi regalo de cumpleaños será una tarta». Cada año elaboraba el pastel más bueno que podrías comer nunca, rayaba la tableta de chocolate con toda la paciencia del mundo y sin perder concentración, mezclaba después huevo,azúcar, leche y mantequilla. Lentamente untaba todo sobre sus galletas especiales previamente mojadas en la leche templada sino dejaría de estar esponjosa. Cada acción era importante porque todo en la vida influye y mi abuela,lo sabía. Si tenías suerte y el cumpleaños caía en fin de semana podrías ver como la hacía, después te dejaba meter el dedo en el cuenco para rebañar porque era tu cumpleaños y sólo quería hacerte sentir única.

Mi abuela hacía grandes cosas pero lo mejor que hacía era ser abuela, tarea difícil pero que manejaba a la perfección. Aún puedo olerla y escucharla decir a mi madre cuando me veía saltar sobre ella «está loca». Si cierro los ojos la veo frente a sus álbumes de foto recordando, sentada frente al teléfono esperando una llamada, añorando época atrás donde trabajaba a deshoras cuidando de sus hijos y marido enfermo pero al menos los tenía cerca.

La vida pasa deprisa, y nunca el tiempo se detiene aunque creas haberlo parado en un beso, nos acecha y no perdona. Cada noche se sentaba en su cama, agarraba la foto de mi abuelo, le hablaba, después lo acariciaba y lo besaba… mi abuela no sabía quizás escribir bien pero sí sabía de algo que sólo una abuela puede enseñar,  sabía lo que era la vida.

«Las abuelas son las eternas olvidadas, son mujeres con historias que deben ser contadas y escuchadas porque en ellas se encierran los grandes secretos de la vida».

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Ellas pueden tener las manos deformadas de dolores y sin embargo pueden coserte la ropa y el alma si se lo pides. No todas son iguales, algunas fuman, otras no quieren ser llamadas abuelas y otras te dan dinero a escondidas pero en todas existe un amor incondicional por ese niño o niña que lo mira con los ojos de inocencia y rasgos de alguien a quien ama por encima de ella misma, su hijo o hija.

Las abuelas de antaño sufrieron la guerra, la posguerra y otras tienen la suerte de haber nacido en años más afortunados pero todas se han tenido que forjar su propio camino, todas se equivocaron y a más de una le rompieron el corazón… Cuantas heridas guardan esos cuerpos e historias en la retina de sus ojos.

El mundo debe darle valor a estas mujeres luchadoras cuidándolas y respetándolas, evitando las cargas innecesarias que ellas soportan y dejando que cumplan su verdadero papel en la vida. Ahora es el momento de quitarle las mochilas, de curar sus pies cansados y alimentarlas de besos y risas. Enseñemos a nuestros hijos a quererlas con sus cuerpos marchitos y que sus historias no caiga en el vacío porque son parte de nosotros. Tenemos mucho que aprender de sus palabras sabias, de sus silencios y de sus miradas pérdidas.

Mi abuela como mujer me enseñó a ser fuerte sin perder mi identidad, me educó en la cultura del esfuerzo, me hizo mirar a mi madre de frente y con orgullo, me regaló momentos de dulzura cuando mordisqueaba mi nariz.

No dejemos que estas mujeres bellas de arrugas y pelo blanco permanezcan en el anonimato y ámala porque el tiempo galopa sin descanso…»

DIA INTERNACIONAL DE LAS NIÑAS

» En sus ojos encontré un mundo donde perderme de sueños e ilusiones rotas, una sonrisa que inundaba cada poro de mi piel y una dulzura que rozaba el dolor. Sólo quise abrazarla y acunarla en mis brazos, susurrarle que podría alcanzar más allá de su horizonte. Me coloqué la visera, me alejé del poblado de chabolas y continué corriendo. Podrías ser tú, es lo único que retumbaba en mi cabeza».

Existen tantas niñas pérdidas donde se refugian entre muñecas de trapos rotos, otras en sus silencios y se olvidan de que son niñas porque la vida las golpeó tan fuerte que se hicieron mujeres aun teniendo colgado de su babi el chupe. En cambios otras tuvimos suerte de nacer en un rincón del mundo diferente pero todas tenemos  en común lo mismo, son mujeres luchando en un mundo de hombres.

A veces miro a mi pequeña Martina, con esa fuerza innata que le nace, defendiendo aquello que cree con solo 3 años y acaricio su carita para recordarme que correr por la mujer es la carrera de ultrafondo más bonita y sincera que me ha pasado en la vida.

Hace días me preguntó una niña de 9 años en un colegio mientras les hablaba del sacrificio, del amor por uno mismo , cual era la carrera más dura que había hecho en tu vida. La respuesta era fácil: «cada día cariño sino pregúntale a tu mamá». Se quedó pensando, bajó la mirada y asintió. Tras las actividades con toda la clase se me abrazó a la cintura y no me hizo falta hablar más, supe que su madre era una gran ultrafondista por que cada mañana sabía que recorrería 1000kms para sacarla hacia delante.

Ha sido el Día Internacional de las Niñas, que bonita es esa palabra, niña, si va acompañada, de risas y felicidad, si le quitamos las lágrimas que derraman miles de ellas cuando son violadas o mutiladas genitalmente, golpeadas o vendidas a hombres sin piedad. Qué bella si la respetamos, dejándola crecer libremente y a desarrollarse como persona sin miedos. Apostemos por una educación en valores para que la sociedad se vuelva justa y comprometida con el mundo que nos espera. Quitemos ciertas frases de su infancia y enseñémosle a sentir la palabra empatía por los demás, solo así entenderán que ser feliz es un derecho que tenemos todos y todas.

Creo en el cambio y en que algún día, ser niña no sea tener cadenas físicas y mentales sino saltar sobre charcos, ir al cole, jugar como los demás, no ser esclava, ni madre con 12 años, aspirar a las mismas oportunidades, decidir por iniciativa propia.. mientras seguiré junto a mi socio Álvaro Cuadrado reivindicando la figura de la mujer sin perder la fuerza y la esperanza.

1440 minutos al día

«Princesa tengo la mejor noticia que puedan darte hoy, recuerda que tienes 1440 minutos para aprovechar cada día y ser feliz, el futuro es apasionante». Álvaro Cuadrado

Salté de rama en rama trepando por los olivos, rebusqué tréboles de 4 hojas en busca de la suerte, cuando era ilusa y no comprendía que no es cuestión de suerte sino de actitud e incluso me llené de barro hasta el punto de no poder quitármelo sola. Me comí bajo un árbol los bocadillos más ricos del mundo y canté alrededor de una candela mientras mi madre calentaba leche en un jarrillo.

Crecí entre risas de niños, complicidad de adultos y me crié en un castillo en mitad de una barriada. Mis padres no eran reyes de sangre azul, ni mis hermanas princesas de cuentos sin embargo construyeron un hogar bajo unos muros de amor y entrega incondicional. No necesitamos de trenzas largas para escapar porque la libertad siempre estuvo presente , nunca hubo una mesa larga llena de caprichos pero si de comida elaborada por unas manos de una buena madre donde nos educó con la palabra compartir.

Nos enseñaron que la riqueza del ser radica en su alma, en esforzarte por alcanzar los sueños y aunque temían que quisiéramos volar alto  nunca nos ataron.

Hoy con casi 36 años y toda una vida por delante reafirmo lo que he ido aprendiendo pero que a veces olvidamos y dejé de recordar por un tiempo cuando no me encontraba,  el día tiene sólo 1440 minutos para ser realmente feliz, palabra que usamos a diario y que cuesta tanto definir.

Cuando veo a mis sobrinos reír a carcajadas, con esa energía, dónde dormir para ellos es un suplicio pienso, que nunca pierdan esas ganas de vivir  porque el tiempo es un arma implacable en esta sociedad. Tiempo es lo que no podemos detener pero sí aprovecharlo para ganarle la batalla cada día, llenando cada segundo de latidos emocionantes pero ¿cuánto de nosotros lo hacemos?.

Vivir al 100% es complicado por muchas razones y entre ellas porque lleva una palabra asociada, esfuerzo.

Esfuerzo para desgarrarte el alma por lo que amas, esfuerzo por levantarte con una sonrisa y salir a escribir tu propia historia, esfuerzo por aceptar y entender que la felicidad puede está a tu alcance aunque sientas temor. Esfuerzo por soportar los dolores que tendrás de las guerras que te tocará luchar. Esfuerzo por abrir los ojos de verdad para ser capaz de ver los problemas de tu entorno y valorar aún más tu vida. Piensa que hay personas que la palabra mañana no la conciben porque son víctimas de la barbarie humana y quizás al día siguiente no sigan vivos físicamente o le quiten su corazón porque pierden a un hijo.

Párate, sonríe y recuerda que los atardeceres tiene fecha de caducidad, decide si quieres 1440 minutos intensos o que algún día al mirar atrás tengas una deuda con el tiempo porque te dio miedo estar vivo.

Borges marca con corazón

«Yo hago lo que usted no puede, usted hace lo que yo no puedo.  Juntos podemos hacer grandes cosas». 

M.Teresa de Calcuta

A veces olvidamos lo que supone abrir un cajón que  contenga  alimentos, beber agua del grifo y poder comer cuando el hambre llega. Vivimos inmersos en nuestra vida acomodada de problemas que hacemos nosotros mismos más grande, olvidando mirar hacia un lado para ver lo realmente importante. Hoy quedarnos sin internet es un handicap  mientras hay personas que caminan kilómetros para ir a por comida o conseguir agua.

Cuando comenzamos con este proyecto Álvaro Cuadrado tenía claro que iríamos a Namibia pero no con las manos vacías porque nos estaban dejando entrar en un país lleno de naturaleza imponente, animales salvajes, culturas diferentes y por ello debíamos devolver lo que ellos nos regalaban.

Decidimos hablar con las marcas que nos patrocinaban para poder hacer ayuda humanitaria a la tribu de los himbas al norte de Namibia y por las diferentes regiones por las que íbamos a pasar. Nunca podremos agradecer lo suficiente, los 100 kilos de frutos secos que Borges aportó porque fueron tantas emociones provocadas de miradas de agradecimiento y a la vez de extrañeza al probar por primera vez estos alimentos. La tribu de los Himbas nos abrieron las puertas de su hogar pero en realidad nos estaban dando una lección de vida como los niños de las diferentes aldeas que con sus sonrisas nos traspasaron.

Si fuéramos conscientes de que ayudar si se puede, el mundo sería redondo.

Pero Borges no sólo nos aportó la ayuda humanitaria que estaba en sus posibilidades sino también alimentos para el desafío. Los frutos secos nos ayudaron en muchos momentos a todo el equipo y a mí me solventó el hambre, en ocasiones el agobio y las pájaras.  Nuestra filosofía es que la alimentación debe ser lo más sana posible, como siempre digo no es lo mismo comer que alimentarse. Para correr necesitaba ese aporte de grasas saludables porque además los ritmos de carrera eran bajos y mis reservas se iban agotando por día. Es curioso como antes comía un puñado de avellanas y no me recordaba a nada ahora cuando las saboreo siempre pienso en un niño o en una mujer himba, en una tarde en mitad de la nada apoyada en el coche descansando para afrontar más kilómetros. A día de hoy siento que me alimento de emociones de la manera más saludable cuidando mi cuerpo y mi mente.

Borges se ha convertido en una marca con corazón al apoyar un proyecto social donde correr era la excusa y ayudar al mundo nuestro objetivo.

NOS GALARDONA CON LA MEDALLA DE ORO AL MÉRITO DE SEVILLA

La Diputación de Sevilla nos galardona con la Medalla de Oro al Mérito, nos emociona el reconocimiento y estamos profundamente agradecidos.

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Sonia Macías y Álvaro Cuadrado, fundadores de La Princesa del Desierto

Es una medalla compartida por un equipo humano que han hecho de lo imposible, lo posible, junto a mi socio Álvaro Cuadrado y mas de 30 personas que han colaborado con el proyecto. Si se lo dedicamos a alguien es a todas esas mujeres anónimas que cada día viven su desafío y no tienen reconocimiento, ellas son nuestra fuente de inspiración, la razón del proyecto y me gustaría pensar que no nos premian a nosotros solamente, sino a nosotros en representación de cada una de ellas.

Este reconocimiento institucional pone en relieve un problema real la falta de apoyo que hemos tenido en Sevilla y Andalucía, tan solo el Ayto. de La Rinconada de forma local nos a prestado su apoyo. Ha sido mas duro ir de despacho en despacho solo recibiendo negativas que entrenar a 45º en mi pueblo o correr en el desierto.

«Nunca hemos pedido un premio, solo ayuda para poder ayudar a millones de mujeres»

Álvaro Cuadrado, Presidente y cofundador de La Princesa del Desierto

Aún nos queda mucho trabajo y espero que este premio sirva para que las instituciones nos apoyen como aún no han hecho, para que podamos llevar más lejos este mensaje de superación. Reivindicar el papel de la mujer en el deporte y en la vida, es un largo y duro camino por ello premios sin compromisos por parte de la instituciones no son nada. Parafraseo a mi socio «Necesitamos financiación y una apuesta real por el cambio de mentalidad, políticos comprometidos con «palabra» no con «palabras» e interesados en el proyecto no en la foto» y suscribo sus palabras «Nunca hemos pedido un premio solo ayuda para poder ayudar a millones de mujeres». Si hemos conseguido correr 1.000 kilómetros en 20 días, aparecer en más de 70 medios de comunicación y llegar a más 10.000.000 de personas sin ayuda de instituciones ¿Qué podríamos conseguir con ayuda?

«Necesitamos financiación y una apuesta real por el cambio de mentalidad, políticos comprometidos con «palabra» no con «palabras» e interesados en el proyecto no en la foto»

Álvaro Cuadrado, Presidente y cofundador de La Princesa del Desierto

Gracias a todos por vuestras felicitaciones, tenemos claro nuestro objetivo LA MUJER, seguiremos luchando!

CARTA A MIGUEL DE LA QUADRA – SALCEDO POR UN RUTERO. MUERE EL ÚLTIMO HOMBRE

Perdí el miedo morir viviendo intensamente, sabía que era posible porque una vez conocí a un HOMBRE.

Había un tiempo donde HOMBRE o MUJER no era una cuestión de género, sino de actitud. Donde convertirse en un HOMBRE no tenía nada ver con la edad, ni con poder votar, conducir o beber; era una cuestión de responsabilidad, valores y fortalezas. No todo el mundo llegaba a aquel estado y, por desgracia, con el tiempo aquellos a los que se podría llamar HOMBRE o MUJER en mayúsculas, se hacían mayores y desaparecían sin remplazo. Ya no hay HOMBRES como los de antes, estaban en vías de extinción y tú, MIGUEL, eras el último.

Te escribo esta carta emocionado porque pierdo al último HOMBRE en el que inspirarme, al que emular, al que seguir. Soy de la última generación que sentía admiración por ti, antes de que te sustituyera Justin Bieber o Johnny Depp. Cuando soñábamos con vivir aventuras en lugar de entrar en Gran Hermano, pedíamos a los Reyes Magos libros de Julio Verne en lugar de videoconsolas, o sabíamos que en esta vida todo lo que merece la pena cuesta conseguirlo. A tu lado he pasado hambre, frío, cansancio, enfermedades, he estado de barro hasta las cejas y mojado durante días, y lo hacía con un sonrisa escuchando tus historias y consejos:

“El verdadero destino de un viaje, es el rastro que deja en ti”

Contigo viví más en 45 días que con nadie sobre la faz de La Tierra durante años. Tenía 15 años cuando crucé por primera vez el Océano Atlántico hasta llegar a Quito; alcancé mitad del mundo de tu mano en la región de Otavalo; ascendí al volcán Cotopaxi entre llamas y alpacas; me adentré en el Amazonas en las selvas del Podocarpus durante días; recorrí ciudades como Piura, Cajarmaca o Chiclayo siguiendo los pasos de Francisco Pizarro y descubriendo las maravillas precolombinas hasta alcanzar, en las costas de Salango, a las ballenas yubartas saltar sobre las aguas del Pacífico, y descubrir buceando en un barco de pesca el Spondylus Princeps, el oro rojo de los Incas.

GRACIAS, porque después de aquello, nunca dejé de viajar. He dado varias vueltas al mundo, más de 60 países en los 5 continentes, y tengo claro que todo comenzó contigo y con la aventura que marcó mi vida. Sin ti en mi memoria, seguramente nunca hubiera desafiado a los imposibles con La Princesa del Desierto y decenas de proyectos que, llenos de ti he liderado durante años. Gracias por palabras que llevo tatuadas en el alma:

«El miedo nunca me paralizó, me podía más la ilusión por romper fronteras y llegar a donde nadie había llegado antes»

Hoy lloran tu muerte muchos ruteros que se quedan huérfanos con tu marcha. Esta carta, en parte va para ellos, que desde el principio se convirtieron en mi familia y con los que viví hace un año, el honor de ser el maestro de ceremonias del Homenaje por los 30 años de Ruta Quetzal, y mirándote a los ojos, te dije:

“Un día no estarás entre nosotros, pero descuida que nosotros somos tu legado”

Hoy es ese día, y hoy me siento más orgulloso que nunca de haber seguido tus pasos, ojalá sea digno de tan larga estela de aventuras y pasiones. Allí donde esté, contaré cómo conocí al ÚLIMO HOMBRE.

 

ÁLVARO CUADRADO JIMÉNEZ RUTA QUETZAL 2001, PERÚ Y ECUADOR

101kms más que una carrera

Todas las medallas tienen un sabor diferente y muchos nombres porque siempre que cruzas una meta piensas en alguien que te impulsó a seguir o creyó en tí. Derramamos tantas lágrimas que si en una carrera se recogieran todas habría más lagos y ríos  bellos en este mundo porque estarían hechos de emociones sinceras.

Cuando te enfrentas a una prueba nunca sabes a ciencia cierta qué ocurrirá pero si tienes claro una cosa, que vas a sufrir y que esa palabra te perseguirá durante horas. Pensarás en ocasiones que la has dejado atrás pero te azotará cuando menos lo esperes. Sin darte cuenta terminas abriéndole los brazos y amándola. El sufrimiento se convierte en tu mejor aliado para esta dura batalla, y acabas aceptando que el dolor es algo temporal  pero el orgullo y el honor es de por vida.

Sabía que podía sufrir en estos 101 kms porque mi cuerpo aún se resiente de todo el 2015 e inicio de este año, mi rodilla izquierda está muy afectada y la cabeza me sigue jugando malas pasadas pero aun así decidí ir ¿por qué? porque  la lucha, entrega, la unión, el compañerismo se vive dentro de esta carrera, porque llevo una frase tatuada en mi brazo que me acompaña en mi día a día «Vivir la vida, aceptar el reto». Sé que esta manera de pensar es egoísta porque sufren tanto los que te rodean, lo veo en el rostro de mi familia, los mensajes de amigos…
Empecé un fin de semana con risas, abrazando a personas con las que he compartido vivencias que nunca olvidaré, que me han enseñado que en el camino encontraré todo lo que necesito para ser feliz.

Es extraño cuando te sientes bien, en mitad de una subida de barro con 80 kms en tu cuerpo pero estaba allí de nuevo recuperando sensaciones, dejando atrás pensamientos negativos y con el alma inundada de momentos que quedarían para mí. Miradas de personas que al principio son anónimas y después son familia, quizás no recuerdes su nombre pero si su risa, o sus palabras de aliento.

Los 101 no es una carrera de tiempos, es una carrera de emociones, de vivir esa entrada en Setenil donde un pueblo te acoge y te hacen un pasillo lleno de aplausos y vítores que te ayudan a correr más rápido. Es una prueba de agarrar la mano al que sufre, de besar con lágrimas en los ojos, de luchar contra el sol y el barro, de ver familiares con cámara en mano y el corazón esperando horas a que lleguemos.

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Tantas veces te repites qué haces ahí y dura solo un segundo esa duda porque alguien te grita o te pasa cojeando llorando de dolor entonces todo se diluye y das otro paso. Recuerdas porque lo haces y que te empuja a seguir. Nos olvidamos tantas veces de mirar hacia nuestro lado que pensamos que somos los únicos que sufrimos. En carreras donde miles de personas se concentran, en realidad, son miles de historias con nombres propios.

Este año para mí ha sido tan especial, tuve la gran suerte de conocer a una mujer luchadora, que me dejó estar a su lado más de 50 kilómetros. A veces la miraba y me veía reflejada en sus ojos cansados o sus lágrimas furtivas, encontré en ella sueños y  entrega. Es cierto cuando dicen que las personas llegan a la vida de otras por alguna razón, ahora sé que Miriam llegó para que recordarme muchas cosas…

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No he querido hacer una crónica de carrera sino hablar de lo que hace que siga corriendo. Hoy sólo me nace dar las gracias porque sois muchos los que estuvisteis en la prueba viviéndola de una forma u otra.

Gracias a Ventura y Álvaro Rodríguez porque me cuidáis, me ayudais con vuestra profesionalidad y confianza. Gracias Natalia y Mario por  amarme tanto. Gracias Yolanda por recordarme la frase «no te rindas». Gracias a mis padres porque sin ellos no podría. Gracias Álvaro Cuadrado por gritarme siempre «vuela».
Gracias Santi sin ti nada sería igual. Gracias Álvaro Galván, Sara y Luis por vuestro cariño y esas sonrisas que me llenan. Gracias Cristina, Piescu, Manolo y Juan porque nuestros ratitos me transportan al desierto. Gracias a todos los que me encontré en la serranía antes y durante haciéndome sentir libre y plena.Gracias Rubén Monzón por empujarme desde tu fatbike. Gracias a todos los que no os fuisteis a la cama hasta que no entré en meta.
Gracias a todos mis amigos que estabais con el teléfono en mano, me llegaron al corazón vuestros mensajitos. Gracias Miquel Capó porque volviste a dar una lección de lo que es ser persona y gran deportista. Gracias Horacio por tu aliento.
Gracias Miriam por tantos kilómetros de vida, de emociones sinceras, de sueños, que estas palabras sean siempre tus otros apellidos.

Sé que volveré a Ronda porque en sus montañas me encuentro…

Entrenar duramente

El verano pasado Sevilla vivió el mes de Julio más caluroso después de 56 años, ni ventiladores ni aires acondicionados hacían nada. Recuerdo salir de casa con la cabeza mojada, dos litros de agua y alguna lagrimilla en los ojos porque ya sabía lo que me iba a tocar. La carretera era lava de volcán, el aire quemaba la nariz por dentro y el sol castigaba duramente la piel. Los coches que transitaban me pitaban y me hacían gestos de estar loca. En mi cabeza un solo pensamiento “date la vuelta y sales al anochecer” Después de 16 kms sin sombra todo era más llevadero o eso pensaba yo o es que quizás ¿había aclimatado realmente a mi cuerpo a ese calor infernal?

Estaba entrenando con altas horas de temperatura pero había ido haciendo una ligera progresión, entrenaba a media mañana y poco a poco fui haciendo entrenamientos al mediodía hasta que el calor se convirtió en mi mejor amigo. Planificaba las tiradas largas donde sabía que el pulso no sería muy alto y corría cerca de lugares con agua para beber y refrescarme pero aun así sentía que el cuerpo estaba soportando  lo que para otras personas supondría calambres o desmayos. Me habitué a que los 42 grados, era algo que molestaba sí, pero me dejaba seguir entrenando. Curioso lo que podemos llegar a soportar.

Siempre he pensado que lo que no te mata te hace más fuerte y a mí eso, me iba a hacer dura de verdad para irme al desierto. No quería mimar mi cuerpo sino castigarlo en el exterior porque cuanto peor lo pasase en esos momentos más disfrutaría de Namibia.

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«Tener los pies recalentados, llegar a casa con la lengua casi blanca y las pecas a punto de estallar, me hacían comprender que estaba trabajando duramente y sería la clave del éxito».

 Nunca he entendido a los que entrenan súper frescos, evitan los días de lluvia, de mucho frío o de mucho calor. Todo debe hacerse con cabeza por supuesto pero ¿cómo endureces la mente y el cuerpo? Si no sientes frío nunca sabrás cuando el cuerpo te hable en una competición, si no pasas sed como vas a saber cuándo estás llegando al límite y eres capaz de soportar, si tomas ibuprofenos como identificas las lesiones.

«Nos pasamos la vida evitando pero en una competición nada está escrito y los imprevistos siempre van ocultos en el dorsal».

No se gana las pruebas que te pone la vida con fuerza sino con cabeza, con capacidad de sufrimiento que se desarrolla en los entrenos, con perseverancia. Se llega al final por la actitud con la que te enfrentas cada día.

Me gusta entrenar duro, sonreír en cada momento que quiero tirar la toalla, escucho a mi cuerpo, acepto el dolor y soy consciente que algún día todo esto me pasará factura pero en mis ojos sólo habrá el reflejo de haber ganado muchas batallas.

La vida es para morderla

Alguien me preguntó el viernes antes de partir hacia Ronda porque iba si sabía que sería sufrimiento, que mi cuerpo aún no estaba preparado para afrontar una prueba de ese tipo, además con un dedo casi roto y la mente algo difusa. Sólo fui capaz de responder, lo necesito.

Llegar de Namibia no está siendo fácil, a veces la tristeza me embarga y no sé por qué, otras busco fotos que me recuerden que pude superar 1000 kilómetros e incluso en momentos me siento tan agotada. Son muchos los altibajos emocionales  que estoy sintiendo,  de alegría y tristeza, es normal pasar por este estado  hasta asimilar cada kilómetro recorrido.

Necesitaba hacer esta carrera para afrontar de nuevo el ser capaz de sufrir, lo admito, tenía tanto miedo de volver a colocarme un dorsal porque ha sido tan duro esos 1000 kms a nivel físico y mental, que sólo pensar en volver a poder sentir dolor me angustiaba. Y esta carrera a mí me ha enseñado tanto desde que empecé a correrla año tras año que le debo estar presente siempre que pueda. Me ha dado grandes amigos, muchas experiencias y muchas medallas finishers con nombres de personas que me han ayudado.

Comienza la cuenta atrás, nervios, miedo, sonrisas cómplices con mi Mario y Manu, presionas el botón de Start y ya nada puede detenerte. Me pongo mi música y me voy relajando, empiezo a encontrar amigos, personas que te saludan con cariño y los kilómetros se hacen más llevaderos.

Vuelve el olor a campo, ya no tengo frío y el cuerpo me responde, voy dando zancadas, no dejo de avanzar porque la derrota no se escribió en mi diario.

Llamo a casa para que se queden tranquilos, para ellos no es nada fácil, son mis padres y ¿que duele más que un hijo? La voz de mi padre me hace emocionarme, con sus bromas y con miedo me pregunta cómo voy, quizás teme a mi respuesta, le miento, no puedo decirle que ya iba con dolores aunque fueran soportables. Al colgar rompo a llorar, los necesito tanto.

Kilómetro 30 comienza el calvario, los dolores de articulaciones, diafragma y agotamiento empiezan a no darme tregua.  Me encuentro con mi amiga Cristina que me ayuda un poco después unos chicos de Setenil que me gritan para que no decaiga pero entiendo que esto ya es lo que voy a sentir durante 24 kilómetros más. Ahora sí empieza mi carrera.

Cada vez voy más lenta y veo las cuestas más altas, pienso que voy sufriendo de manera voluntaria a diferencia de muchas que sufren a veces sin poder evitarlo y eso me da la garra para seguir. Vuelvo a la etapa 10 de Namibia, limpio mis lágrimas y sigo. No puedo ni quiero rendirme, “la vida es algo que hay que morder y cada bocado tiene un sabor” como dice la canción de Fito.

Este deporte que amamos mucho, no tiene goles, ni sumas millonarias, ni rivalidad pero si existe la lealtad por la persona que en mitad de la nada conoces y se convierte en tu compañero de fatiga, ése que te agarrara la mano y te enseñará todo lo que ha vivido. Sabes que pasará el tiempo y lo recordarás, quizás lo vuelvas a ver en otra carrera y lo abrazarás como en la última entrada en meta. Gracias Darío por ser mi mejor avituallamiento.

Última subida y a lo lejos veo a mi hermana esperándome para abrazarme y gritarme, me emociono. Ya sólo quedan 500 metros de gloria, de sentir los aplausos, de dar las gracias, y levantar los brazos al cruzar la meta. Lloro sin consuelo, abrazo a mi compañero, a mis amigos que llevaban horas esperando y sólo pienso:

«no te rendiste, siéntete feliz porque lo tienes todo para alcanzar el cielo y ayudar a muchas mujeres»

Hoy estoy rota a nivel articular pero nada me borra la sonrisa, vuelvo a tener ganas de entrenar porque el sábado me encontré de nuevo en Ronda. Pienso en lo que hacemos con este proyecto www.laprincesadeldesierto.com y me da más ganas de dejarme la piel cada día.

Gracias a ese equipo de mujeres maravillosas que compartisteis conmigo tiempo antes de salir, gracias a Cristina por estar a mi lado una vez más. Gracias a todos los que me animasteis (Jartibles) y a Darío por llegar hasta el final conmigo. Gracias a Manu por estar, a Mario por el día a día, que orgullosa estoy de ti, a mi amiga Mari por tu eterna amistad y a mi Mai y familia por cuidarme y aguantar.

Gracias a todos porque me impulsáis en las cuestas cuando ni las manos en los cuádriceps me ayudan a subir.

Gracias a Álvaro Cuadrado por recordarme que ya no soy niebla sino viento y estar a mi lado.

Hoy vuelvo a estar dispuesta a dar bocados a la vida aunque a veces el sabor no sea el que quiero pero sé que todos alimentan mi cuerpo y mi alma.

Mi segunda piel

Correr puede convertirse en una pesadilla si tienes heridas, ampollas o estás incómoda con la ropa que llevas, sobre todo cuando te enfrentas a muchos días con calor extremo y tierra que se cuela por todos los rincones de la piel. Elegir bien que material usar en este desafío era importante porque después los errores se pagan con dolor como en otras ocasiones me ha ocurrido en entrenamientos o competiciones con lesiones y marcas que tatúan mi piel y dejan evidencias de lo duro que es este deporte, donde literalmente te dejas la piel, por lo que he buscado una segunda piel con marcas que nos han ayudado en este reto, terminando un desafío como este sin apenas señales físicas, en estas fotos os muestro las marcas de 2 años de entrenamientos.

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Con este post quiero dar las gracias a las marcas que nos ayudaron siendo mi SEGUNDA PIEL.

EQUIPAMIENTO: SERVIPRINTER

Desde el inicio la marca sevillana Serviprinter ha sido parte esencial del proyecto, sus productos los tenemos a la venta en nuestro ecommerce www.laprincesadeldesirto.com/tienda y como no, los usamos para el viaje, tanto para mi como para todo el equipo. Pantalones, cazadoras, sudaderas, polos, camisetas, gorras… toda la ropa de campamento la pusieron al servicio de la aventura, sin reparar en calidad y servicios.

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EQUIPAMIENTO DEPORTIVO: SPORTHG®

Son prendas confortable, transpirable, con costuras planas y con la compresión muscular perfecta. En mi caso que sometería al cuerpo a mucho impacto, fatigándolo hasta la saciedad cualquier roce sabía que podría hacerme pasar malos ratos. Por tanto lo que necesitaba sentir  que la prenda y mi cuerpo fuera una única pieza como sus hilos de carbono. Sus camisetas ultraligeras o los tops fabricados sin costuras  me dieron la tranquilidad cada día para confiar en toda su línea de ropa.Con SportHG® conseguimos sentirnos secos todo el tiempo, protegernos del calor y el frío y sobre todo no tuvimos que lamentar ninguna herida.

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GAFAS DE SOL: NORTHWEEK

El sol es muy duro en Namibia , por ello era necesario unas gafas que nos protegieran de verdad, puesto que la arena del desierto y el agua del mar aumentan los riesgos de radiación solar que llega a nuestros ojos. Sabíamos también por experiencia de Álvaro Cuadrado que ya antes había rodado en el Namib que el viento podría ser un hándicap al levantar el polvo en la parte de pista y la arena en las dunas. Necesitábamos unas lentes polarizadas para reducir la fatiga ocular y tener buena nitidez.

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CALCETINES: WRIGHTSOCK

Nos olvidamos de prever lo que puede ocurrir y podemos prevenir el retirarnos en competiciones por las heridas del roce de calcetines o recalentamiento en la planta del pie. Gracias a Pies Cómodos con sus calcetines Wrightsock  y todos sus productos pudimos todo el equipo llevar bien tantos kilómetros. Dos semanas antes comencé a usar el spray Tano, curtidor de pies y además la crema Nok Akileïne por las noches para evitar las rozaduras. En Namibia usamos todo el equipo los polvos Danzarin que nos creaba una película evitándonos las irritaciones y protegiendo el pie del sudor, hongos, bacterias, etc. Además de los calcetines de Wrighsock de doble capa que nos impedía el exceso de entrada de arena  y una mejor evacuación de sudoración debido al compuesto de sus fibras.

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Tras cada etapa teníamos la misma rutina, Álvaro me daba un masaje en las piernas con el aceite Kimas hecho de árnica que me ayudaba a recuperar junto con las perneras compresivas que me dejaba unas horas y al día siguiente volvíamos al desierto con la misma sonrisa y el mismo motivo.

Gracias a Serviprinter, Northweek, SportHG® y Pies Cómodos por cuidarnos pero sobre todo gracias por tener la sensibilidad necesaria para ayudar en la reivindicación de la figura de la mujer en el deporte y en la vida, fuera mi segunda piel.